La flexibilidad entra en una nueva fase: de la regulación a la operación real

La flexibilidad entra en una nueva fase: de la regulación a la operación real

La flexibilidad ya no es una promesa a futuro. La tecnología existe, empiezan a consolidarse modelos de participación y cada vez más consumidores y empresas identifican oportunidades para aportar flexibilidad al sistema. El reto ahora es otro: conseguir que todo ese potencial pueda operarse a escala y con unas reglas claras.

Esta fue una de las principales conclusiones de la jornada “Operando Flexibilidad en España”, celebrada por ENTRA Agregación y Flexibilidad el pasado 29 de septiembre en el Club Español de la Energía (Enerclub), en Madrid. El encuentro reunió a representantes de la Administración y de empresas que ya trabajan desde distintos ámbitos en el desarrollo de la flexibilidad, desde la comercialización y la agregación hasta el almacenamiento, la industria y las redes. 

 

La apertura corrió a cargo de Alicia Carrasco, directora ejecutiva de ENTRA, quien situó el debate precisamente en ese cambio de fase: pasar de los avances regulatorios a una participación efectiva de la demanda y de los recursos distribuidos. Desde la Administración, Fátima García, subdirectora general de Almacenamiento y Flexibilidad del MITECO, incidió en que el crecimiento de la generación renovable hace cada vez más necesaria la flexibilidad para operar el sistema. Para ello, señaló la importancia de continuar desarrollando el marco normativo, disponer de mecanismos que valoren y remuneren estos recursos y facilitar la participación del almacenamiento, la demanda y las diferentes tecnologías.

 

Una realidad que empieza a llegar a más consumidores

La primera mesa, “Operando flexibilidad para los mercados y las redes”, puso sobre la mesa una cuestión fundamental: la flexibilidad ya empieza a formar parte de la realidad del sistema, pero todavía debe extenderse a más consumidores y convertirse en un servicio habitual.

María José García Cuevas (Agrienergia), destacó precisamente la evolución experimentada en los últimos años: “Diez años después del impulso desde la UE (‘Clean Energy Package’), la flexibilidad es una realidad en España: se están dando las condiciones – sistema con fuerte penetración renovable, demanda que quiere electrificarse, señales de precio-, la tecnología existe y vamos creando mercados. Los agentes estamos preparados, los consumidores son mucho más proactivos, y hemos pasado de los proyectos piloto a ofrecer la flexibilidad a nuestros clientes como un servicio de valor añadido, con fuerte componente de innovación y compromiso medioambiental. Es un éxito compartido del que podemos estar orgullosos como sector y como país.”

Esa evolución implica también un cambio profundo en el papel del consumidor. Camila Fernandes (Endesa) incidió en que la demanda ya no puede entenderse únicamente como un elemento pasivo del sistema: “Los consumidores deben tomar conciencia de que ya son, y serán cada vez más, una pieza clave en la gestión de un sistema eléctrico que ha cambiado de forma irreversible. Conocer y gestionar activamente su flexibilidad les permitirá aportar valor al sistema y obtener una remuneración justa por ello. Y desde Endesa queremos acompañarlos en ese camino y convertirnos en su socio de referencia.”

Anna Casas (Octopus Energy), explicó cómo los hogares pueden participar modificando sus patrones de consumo, mediante programas de incentivos o a través de tarifas vinculadas a recursos como el vehículo eléctrico o las baterías. La condición para extender estos modelos es clara: la propuesta debe ser sencilla, comprensible y económicamente atractiva para el consumidor. Por su parte, Laura García (Grupo Trébol Energía), puso el foco en la labor pedagógica que todavía queda por hacer y en la necesidad de contar con un calendario normativo suficientemente claro para que consumidores y empresas puedan anticipar los cambios y preparar sus activos. La flexibilidad residencial también empieza a abrirse camino.

Desde una perspectiva de operación de mercado, Aritz Santamaría (Axpo) recordó además que tanto la generación renovable como la demanda pueden aportar flexibilidad al sistema y que existe margen para aumentar la participación de esta última en los servicios de balance.  La conclusión de esta primera conversación fue compartida: la flexibilidad está dejando atrás la fase experimental, pero su consolidación requiere señales económicas claras, estabilidad regulatoria y modelos de participación que permitan al consumidor identificar fácilmente el valor de participar. El potencial está en los recursos que todavía no estamos aprovechando

La segunda mesa, “Realidad y potencial de la flexibilidad”, trasladó el debate hacia todo aquello que todavía permanece fuera del mercado: baterías distribuidas, almacenamiento térmico, vehículos eléctricos, demanda industrial y miles de pequeños activos conectados a las redes. Gorka Martí (sonnen), señaló el potencial de las baterías y otros pequeños recursos distribuidos, que todavía se utilizan principalmente para optimizar la factura de sus propietarios cuando podrían aportar también valor al sistema y a los mercados.  En el ámbito industrial, Alberto Toril (Rondo Energy) y, puso el foco en un recurso con un importante potencial: el almacenamiento térmico. “Una parte importante de la flexibilidad que necesita el sistema puede estar dentro de las propias industrias. El almacenamiento térmico permite desplazar grandes consumos eléctricos hacia las horas en las que hay mayor disponibilidad de renovables, almacenando esa energía como calor para entregarla al proceso industrial cuando la necesita. Así, electrificación industrial y flexibilidad pueden avanzar juntas, convirtiendo nueva demanda eléctrica en un recurso para el sistema.”

La reflexión conecta directamente la electrificación con la oportunidad de gestionar de una manera diferente la nueva demanda: no solo como un incremento del consumo eléctrico, sino también como un recurso capaz de responder a las necesidades del sistema.
Desde Endesa, Carolina Vereda sintetizó otro de los grandes mensajes de la jornada: “La flexibilidad ya ha demostrado que funciona: cuando existe una señal económica adecuada, aparece.” Una afirmación que sitúa buena parte del desafío en el terreno económico y regulatorio. La tecnología necesaria está disponible; el siguiente paso es establecer señales, reglas y mecanismos que permitan que los recursos flexibles encuentren una oportunidad real de participación.

Cristina Corchero, (Bamboo Energy), aportó además la perspectiva internacional. La experiencia de países como Francia muestra que el desarrollo de la flexibilidad requiere aprendizaje, implementación y mejora continua. Y no necesariamente implica crear nuevos mercados: en muchos casos, puede resultar más eficaz adaptar los mecanismos existentes para facilitar la participación de la demanda. Pero buena parte de ese potencial se encuentra además en miles de activos pequeños conectados a las redes de distribución. Luis Barandarián (Plexigrid), incidió especialmente en este punto: “El gran potencial de flexibilidad que todavía no estamos aprovechando está en los recursos distribuidos: placas, baterías, coches eléctricos y bombas de calor conectados a la red de distribución. Hoy trabajan para su dueño y, a veces, para el sistema, pero no para la red a la que están enchufados, que es precisamente la que más va a tensionar la electrificación. Dar a las distribuidoras la capacidad de ver y gestionar su red de baja tensión permite convertir esos recursos en una alternativa real a reforzar la red, con un ahorro que acaba llegando a la factura de todos.”

La digitalización y una mayor visibilidad de las redes de baja tensión aparecen así como condiciones necesarias para aprovechar recursos que ya existen y convertirlos en una herramienta efectiva para gestionar la electrificación.

De disponer de flexibilidad a conseguir operarla a escala

La tercera mesa, “¿Qué podemos hacer para acelerar su implementación?”, llevó la conversación un paso más allá: si los recursos existen y la tecnología está disponible, ¿qué falta para movilizarlos de manera efectiva? Una parte importante de la respuesta tiene que ver con cómo trasladar la flexibilidad al consumidor sin trasladarle también toda la complejidad del mercado eléctrico.

Álvaro Pérez (Clevergy), destacó que este es precisamente uno de los principales retos en el ámbito residencial: disponer de soluciones tecnológicas no es suficiente si no se consigue ofrecer al usuario una propuesta sencilla, fácilmente comprensible y capaz de operar a escala.  En este contexto, el agregador adquiere un papel cada vez más relevante como nexo entre consumidores, mercados y sistema eléctrico. Desde Build to Zero, Miguel Méndez puso el foco en ese papel del agregador y en las oportunidades que la potencia flexible puede abrir para la industria: aprovechar excedentes, integrar almacenamiento o participar en diferentes mercados sin que el consumidor tenga que gestionar directamente toda esa complejidad. 

Para Luis Recolons (Estabanell), ofrecer flexibilidad requiere además conocer en profundidad los activos del cliente, su forma de operar y sus necesidades. El consumidor deja de ser únicamente receptor de energía y puede convertirse también en proveedor de un servicio al sistema. La conversación volvió así a un elemento recurrente durante toda la jornada: hacer escalable la flexibilidad requiere combinar tecnología, conocimiento del consumidor, agregación, digitalización y un marco que permita que esos recursos encuentren realmente una vía de participación.

Cuando una red saturada puede convertirse en una red que suma

El último bloque de la jornada puso el foco en otro de los grandes retos de la electrificación: disponer de capacidad suficiente en las redes para conectar nueva demanda. Las conexiones flexibles centraron buena parte del debate de la mesa dedicada a la presentación del Informe sobre Peajes de Red Flexibles, presentado por Alicia Carrasco, directora ejecutiva de ENTRA.  El estudio analiza cómo acompañar el nuevo marco de accesos flexibles con señales económicas que reconozcan el valor que este tipo de conexiones puede aportar a las redes y permitan incorporar nueva demanda allí donde no existe actualmente capacidad firme suficiente.  Entre sus principales propuestas, plantea una reducción del 20 % del coste de los peajes para las conexiones flexibles tipo 1 y del 50 % para las conexiones tipo 2 y 3 sobre la parte incremental del peaje de potencia, manteniendo sin cambios los peajes asociados a la energía consumida. El objetivo es que la señal económica sea coherente con las características del servicio recibido y, al mismo tiempo, incentive la conexión de consumidores capaces de adaptar su demanda y contribuir a un uso más eficiente de la capacidad existente.

Alberto Toril (Rondo Energy) señaló además una cuestión económica de fondo: un consumidor que puede adaptar su demanda en determinadas situaciones no recibe exactamente el mismo nivel de disponibilidad que otro que necesita toda su potencia de manera permanente, y esa diferencia debería poder reflejarse en los costes de red; y desde la perspectiva de la distribución, María José García Cuevas (Agrienergia), destacó que estas conexiones suponen un cambio de paradigma. Pueden contribuir a gestionar mejor la congestión, facilitar nueva demanda y evitar determinados sobredimensionamientos, aunque su despliegue exige digitalización, capacidades especializadas y nuevos procedimientos de operación. 

La realidad de los proyectos fue abordada por José María Llopis, de Edisun Power, quien puso el foco en cómo la falta de capacidad disponible en las redes puede condicionar inversiones estratégicas y en el papel que pueden desempeñar las conexiones flexibles para desbloquearlas: “La situación de saturación de las redes de transporte y distribución está obstaculizando el desarrollo de proyectos de inversión con notable impacto socioeconómico y estratégicos para la soberanía digital, la autonomía energética y la transición ecológica en España, tales como centros de datos y producción de hidrógeno renovable y derivados. La capacidad de acceso flexible es una alternativa perfectamente viable, siendo necesarios sistemas de generación y de almacenamiento de respaldo que garanticen un suministro de energía resiliente 24/7.”

La reflexión refuerza una de las ideas centrales de esta parte de la jornada: las conexiones flexibles pueden ofrecer una vía para que nueva demanda avance incluso en escenarios de saturación de red, siempre que las condiciones de acceso sean claras y los proyectos cuenten con las soluciones necesarias para garantizar su suministro. Desde Cuerva, Juan Guerrero resumió el potencial de estas nuevas herramientas desde el punto de vista del distribuidor: “La flexibilidad convierte una red saturada en una red que suma. Como distribuidores, queremos que sea una herramienta habitual para dar respuesta a nuevos clientes, no una excepción.”. Por su parte, Lluís Sabata, de Estabanell, destacó igualmente la oportunidad que representan las conexiones flexibles para incorporar nueva demanda y conseguir un aprovechamiento más eficiente de la capacidad disponible. 

Las distintas mesas de “Operando Flexibilidad en España” confluyeron en una misma conclusión: el debate ya no consiste en demostrar si la flexibilidad puede funcionar, sino en establecer las condiciones necesarias para que pueda hacerlo a escala. España dispone de tecnología, empresas preparadas y consumidores cada vez más activos. También empieza a contar con instrumentos y mercados sobre los que construir. El siguiente paso pasa por adaptar la regulación, mejorar las señales económicas, reforzar la agregación, digitalizar las redes y convertir los recursos distribuidos en una parte activa de su operación.

En el cierre de la jornada, Xavier Farriols, presidente de ENTRA Agregación y Flexibilidad, resumió ese cambio de perspectiva: la flexibilidad de la demanda no es una tecnología, sino una nueva forma de operar el sistema energético.  Desde ENTRA Agregación y Flexibilidad seguiremos trabajando junto a nuestros socios, la Administración y el resto de agentes del sector para avanzar desde el potencial hacia la implementación y conseguir que la flexibilidad contribuya de forma efectiva a un sistema eléctrico más eficiente, electrificado y preparado para integrar cada vez más recursos renovables.

¡Súmate al cambio!

Invitamos a todas las organizaciones interesadas en impulsar o beneficiarse de la flexibilidad energética a sumarse a la asociación, ya sea como Socios o como Observadores, con el objetivo de seguir construyendo colectivamente un sistema energético más participativo, resiliente y eficiente. La asociación abre sus puertas a nuevas voces y conocimientos, convencida de que solo mediante la colaboración entre todos los agentes – industriales, tecnológicos, ciudadanos, institucionales y territoriales – se podrá consolidar un ecosistema de flexibilidad maduro y operativo en España.

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